Iba a ser profesora diferencial, pero una grave enfermedad visual redefinió su camino. Hoy, esta madre de dos niños neurodivergentes transforma la adversidad en motor, proyectando una pizzería con sello sensorial única en la región.
Para Claudia Palma, el éxito no se mide en ventas, sino en la capacidad de reinventarse cuando la vida te cambia el guion. Su plan original era estar en las aulas, apoyando a niños como profesora de educación diferencial. Sin embargo, en su último año de carrera, el destino la puso a prueba: una enfermedad autoinmune casi la dejó ciega. «De prepararme para ser la red de apoyo de otros, tuve que reenfocarme en ser el apoyo para mí misma», confiesa Claudia, quien hoy vive con secuelas visuales y un sistema inmune que le impide trabajar en colegios.
Lejos de rendirse, Claudia volcó su vocación pedagógica y su necesidad de independencia en «Chef Express», su pizzería ubicada en el sector Los Clarines de Coquimbo. Pero su emprendimiento es mucho más que masa y queso; es un reflejo de su propia maternidad. Madre de dos hijos con autismo nivel 1, Claudia conoce de primera mano lo difícil que es para las familias neurodivergentes encontrar espacios amigables. Por eso, su gran sueño —que espera concretar en marzo— es inaugurar un local con terraza y un «panel sensorial», un refugio donde los niños puedan regularse y sus padres puedan disfrutar de una cerveza o un café sin la ansiedad de sentirse juzgados.
El camino no ha estado exento de golpes. Tras más de una década trabajando en su ubicación actual, el municipio le notificó que no renovaría su permiso. Lo que parecía el fin, terminó siendo un trampolín. «Se me abrieron puertas que no imaginé», relata. La crisis la empujó a vincularse con incubadoras de la UCN y Ceduc, y a ganar un fondo de Corfo, profesionalizando su visión y demostrando que la innovación nace de la necesidad.
Hoy, Claudia enfrenta cada día como un reto que debe terminar con un «ticket de éxito». Su historia es un recordatorio de que, aunque el sistema a veces cierre puertas o la salud ponga obstáculos, la voluntad de una madre puede construir lugares donde todos quepan, mezclando el sabor de una buena pizza con la calidez de la inclusión.


