Impulsada por la búsqueda de alivio para los dolores articulares de su hijo con autismo, Claudia dejó atrás la enfermería tradicional para sumergirse en la masoterapia y las hierbas medicinales. Desde Caleta San Pedro, hoy ofrece un espacio de bienestar personalizado que rescata la sabiduría de la naturaleza.
Hace 15 años, Claudia Montenegro se encontró frente a un desafío que la medicina tradicional no lograba resolver del todo. Su hijo, entonces un niño, sufría constantes dolores articulares. El diagnóstico de autismo llegaría tarde, recién a los 11 años, pero mucho antes de eso, Claudia ya había notado que la hiperlaxitud de su pequeño le causaba un sufrimiento físico que requería una respuesta diferente. Fue esa necesidad materna de aliviar el dolor la que la empujó a dar un giro radical en su vida: dejó su carrera como Técnico en Enfermería de Nivel Superior para estudiar masoterapia.
Aunque su formación clínica le dio una base sólida en anatomía y trato al paciente, Claudia sentía una profunda desconexión con la frialdad del sistema hospitalario, donde las personas a menudo se reducen a un número de cama. «Uno ve ciertas prácticas que no le gustan», confiesa. Buscando un enfoque más humano y cálido, y motivada también por sus propias crisis de pánico, encontró en las terapias holísticas un refugio de calma tanto para ella como para su familia.
Su emprendimiento, «Armonía Ancestral», es el fruto de años de perfeccionamiento. No contenta con solo aplicar masajes, Claudia se adentró en el mundo de la cosmética natural y el estudio de las plantas. Hoy, en su jardín en Caleta San Pedro, cultiva sus propias hierbas libres de pesticidas, las cosecha y las macera para crear aceites únicos. «Quería saber si lo que usaba era de buena calidad», explica sobre su obsesión por controlar cada paso del proceso, desde la tierra hasta la piel de sus clientes.
Actualmente, Claudia combina la masoterapia, el Ayurveda y la aromaterapia en sesiones totalmente personalizadas. Para ella, cada dolor tiene una historia y cada cuerpo necesita una mezcla específica. Ya sea preparando un «roll-on» especial para una contractura o un té para el bienestar emocional, su trabajo es un homenaje a la sabiduría antigua. Con sus hijos ya adolescentes y encaminados —el mayor viviendo solo y la menor con apoyos en el liceo—, Claudia sigue estudiando y sanando, demostrando que el amor de una madre puede ser el origen de la medicina más pura.


