Motivada por la compleja salud de su nieta nacida en pandemia y la necesidad de cuidar a sus propios hijos, Elice transformó la fragilidad de la vida en un motor para emprender. Hoy, desde el mundo digital, invita a otros a cruzar fronteras y vivir el presente.
«Hoy estás, mañana no sabes». Esa frase, pronunciada con la certeza de quien ha mirado de cerca el abismo, define la nueva filosofía de Elizabeth Marambio. Su historia de emprendimiento no nació en una oficina de planificación, sino en la urgencia de una sala de espera y la angustia de la pandemia de 2020. Fue el nacimiento de su nieta, prematura y diagnosticada con atresia esofágica y duodenal —una desconexión vital de sus órganos digestivos— lo que empujó a Elice a buscar formas alternativas de generar ingresos sin salir de casa.
Comenzó vendiendo luces, tanteando el terreno de la independencia económica, mientras su hogar se convertía en una pequeña enfermería. Sus propios hijos también enfrentaban desafíos: a su hija le detectaron disautonomía y autismo grado dos, condiciones que, aunque funcionales, requerían una madre presente. El trabajo tradicional se volvió incompatible con la realidad de cuidar a cuatro hijos y una nieta que es el «motor» de la familia.
Este año, la respuesta llegó a través de las redes sociales y el mundo digital. Así nació «Amor Viajero 25», un emprendimiento asociado a una membresía de viajes (InCruises) que le permite a Elizabeth gestionar su tiempo y sus finanzas con libertad. «Si necesito generar ingresos en 10 días, trabajo a full; el resto del mes disfruto a mi familia», explica sobre este modelo que le permite recomendar formas de viajar, ahorrar e invertir desde cualquier lugar.
Pero Elizabeth no se detiene. Su paso por el hospital, donde conoció historias de mujeres resilientes, y su propia experiencia cercana a la muerte reciente, la inspiraron a lanzar un próximo podcast: «Historias sin fronteras». Con solo su cuarto medio rendido en modalidad dos por uno, pero con el orgullo de tener hijos universitarios, Elizabeth demuestra que no se necesitan grandes títulos para brillar. Su mensaje es claro: la vida es frágil, y la única opción sensata es atreverse a hacer lo que se ama, sin poner «peros» ni esperar un mañana que no está garantizado.


