De la oscuridad del turno nocturno a la luz de un negocio familiar: La historia de «Vika Manualidades»

Violeta Villalobos y su esposo transformaron la necesidad de estar presentes para su hija en una próspera empresa de muebles para eventos en Coquimbo, demostrando que el emprendimiento puede ser la llave para recuperar el tiempo y cuidar de los que amamos.

Hace doce años, la vida de Violeta Villalobos y su esposo transcurría a contramano del mundo. Ambos trabajaban de noche y dormían de día, una rutina agotadora que les cobraba un precio demasiado alto: su pequeña hija pasaba mucho tiempo sola y la vida familiar era prácticamente inexistente . «No teníamos vida social, no salíamos, no podía visitar a mis padres», recuerda Violeta sobre aquellos días en que el reloj parecía ser su enemigo

Fue en medio de esa búsqueda de libertad cuando Violeta identificó una oportunidad. Recordó cómo su madre la llevaba a cursos de manualidades y notó que en su región, Coquimbo, existía un vacío: no había quien proveyera los insumos necesarios, como las cajas de madera que ella solía comprar . Con esa visión y la habilidad de su esposo para trabajar la madera, decidieron invertir sus ahorros y dar el salto. Así nació «Vica Manualidades».

Los inicios fueron humildes, marcados por el esfuerzo manual. «Todo lo hacíamos con calco», relata Violeta. Dibujaban sobre la madera y cortaban pieza por pieza con una caladora de mano, en un proceso lento y laborioso . Sin embargo, la perseverancia rindió frutos. Con el tiempo, lograron invertir en maquinaria CNC, industrializando su producción y permitiéndoles ofrecer diseños personalizados y complejos que hoy envían a todo Chile .

Pero más allá del éxito comercial, para Violeta el verdadero triunfo ha sido la recuperación de su tiempo. El emprendimiento no solo les permitió criar a su hija —quien hoy, a sus 21 años, está a punto de titularse de enfermera— sino que les ha dado la flexibilidad necesaria para enfrentar los nuevos desafíos de la vida . Actualmente, Violeta se prepara para cuidar a su padre, diagnosticado con poliartritis reumatoide y Parkinson, una labor que asume con amor y gratitud, devolviendo la mano a quien la cuidó de niña .

Hoy, desde su taller en Rinconada del Sauce, Violeta mira hacia atrás sin arrepentimientos. Su mensaje para otras mujeres es claro: «No tengan miedo. Si se cierra una puerta, hay miles de ventanas» . Su historia es un testimonio de que, con valentía y apoyo familiar, es posible construir un negocio que no solo genere ingresos, sino que también proteja lo más valioso: la familia.

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