De viñedo a huerta: La reinvención de Raquel y las Delicias de Ramará

Tras transformar un terreno de uva pisquera en un vergel de frutales, Raquel Vergara cultiva el legado de sus padres en San Isidro. Junto al cuidado de su madre, ha levantado un emprendimiento de mermeladas y turismo que endulza la vida y ofrece un respiro al agotamiento de ser cuidadora.

En San Isidro, una de las localidades más antiguas entre Vicuña y Mamalluca, la tierra tiene memoria, pero también segundas oportunidades. Raquel Vergara Álvarez lo sabe bien. Hace algunos años, el terreno que hoy es su orgullo estaba cubierto de uva pisquera, un monocultivo que parecía inamovible. Sin embargo, impulsada por un amigo que le abrió los ojos sobre el potencial desperdiciado de su suelo, Raquel decidió dar un golpe de timón. «Limpia y averigua en Indap», le dijeron, y ella, autodenominada «busquilla y avilosita», hizo caso.

El cambio no fue solo agrícola, sino vital. Raquel, quien lleva desde los 19 años cuidando a su madre con una enfermedad mental de base, necesitaba un proyecto que le permitiera generar ingresos sin salir de casa. Así nació «Delicias Ramará», un nombre que fusiona las identidades de quienes habitan ese hogar: Raquel, su pareja Mauricio y su madre Raquel. Lo que comenzó tímidamente con dulces y jalea de membrillo —fruto que abundaba en el predio—, hoy es una huerta diversa gracias al apoyo de programas como Prodesal y Padis, que le permitieron tecnificar el riego y construir un estanque de agua, vital en tiempos de escasez hídrica.

Para Raquel, el emprendimiento es también una terapia. La carga mental del cuidador es pesada y silenciosa; «solo los que cuidan saben el cansancio mental que hay», confiesa. La huerta se convirtió en su escape y su conexión con el mundo, permitiéndole recibir a turistas que no solo compran sus mermeladas, sino que aprenden de agricultura y degustan la fruta fresca directamente del árbol.

Hoy, Raquel mira su terreno con la satisfacción de quien ha sabido escuchar los consejos y honrar la enseñanza de sus «viejitos». Su mensaje para otras mujeres cuidadoras es de valentía: atreverse a empezar, aunque sea con poco, porque ese pequeño negocio puede ser no solo el sustento económico, sino la salvación emocional frente al aislamiento que muchas veces impone el cuidado.

¿Quieres apoyar el trabajo de nuestra fundación?

Puedes Donar Aquí. Puede ser por vez única o de manera mensual.
Scroll al inicio