Carolina Figueroa dejó la ciudad para cuidar a su abuela y preservar el negocio más antiguo de su localidad en La Higuera. Hoy, transforma la herencia familiar en un motor de economía circular, enfrentando los desafíos de la ruralidad y los altos costos energéticos con una visión colaborativa.
En la localidad de Los Choros, comuna de La Higuera, el tiempo parece transcurrir a otro ritmo, pero las necesidades de sus habitantes son urgentes y cotidianas. Allí, el Almacén San José se erige no solo como un punto de venta, sino como un testigo silencioso de la historia local. Con más de 65 años de vida, es el negocio más antiguo del sector, un legado que Carolina Figueroa Silva recibió de manos de su abuela cuando la avanzada edad y un diagnóstico de Alzheimer comenzaron a apagar la memoria de la matriarca.
Carolina, quien se desempeñaba en el rubro de la construcción y los negocios en La Serena, no dudó en volver a sus raíces. Su regreso fue un acto de amor y rescate: ayudar a quien la cuidó y dar un nuevo aire al histórico local. «El cambio de la boleta manual a la electrónica fue lapidario para ella», recuerda Carolina sobre el difícil proceso de adaptación de su abuela, una transición tecnológica que marcó el relevo generacional en la administración del almacén.
Bajo la gestión de Carolina, el San José ha evolucionado para convertirse en una solución integral para vecinos y turistas. Su filosofía es evitar que la gente tenga que viajar a la ciudad por lo básico. Desde un clavo o una aguja hasta ollas y menaje, el almacén busca tenerlo todo. Pero su verdadero sello es la comunidad. Carolina ha transformado sus estanterías en una «vitrina al emprendedor», comprando y revendiendo la producción local: los limones orgánicos de don Rubén, las mermeladas y las mieles de sus vecinos. «Hacemos un comercio circular donde ganamos los dos», explica con orgullo.
Sin embargo, emprender en la ruralidad tiene costos altos. La mayor batalla de Carolina no es contra la competencia, sino contra la precariedad de los servicios básicos. Las cuentas de luz, que ascienden a más de 350 mil pesos mensuales, y los frecuentes cortes de energía sin compensación, amenazan constantemente la estabilidad de su pyme. Mientras sueña con soluciones de energía renovable para su pueblo, Carolina sigue adelante, demostrando que es posible cuidar, emprender y tejer redes de apoyo, incluso cuando el sistema juega en contra.


