«Mi hijo era más importante»: La valiente reinvención de María Pilar Baeza para humanizar la educación

Tras años ejerciendo como profesora, la necesidad de apoyar a su hijo Martín la llevó a dejar la estabilidad del aula para emprender un camino propio. Hoy, como mediadora y líder gremial, busca integrar la compasión en las escuelas y construir un futuro inclusivo para quienes, como su hijo, requieren una mirada diferente.

La vida de María Pilar Baeza cambió con una maleta y una decisión irrevocable. Profesora de educación general básica durante seis años, su vocación parecía estar escrita entre pizarras y cuadernos. Sin embargo, la maternidad le planteó una encrucijada que ninguna planificación escolar podía resolver: su hijo Martín, quien cursaba kínder, mostraba signos de inmadurez y necesidades que el sistema —y su propia carga laboral— no lograban atender.

«Mi hijo es más importante», se dijo a sí misma. Fue así como, tras separarse, decidió dejarlo todo y mudarse sola con Martín a la Región de Coquimbo. El destino quiso que el mismo día que entraron a su nueva casa, comenzara la cuarentena por la pandemia. En ese encierro, lejos de amilanarse, María Pilar comenzó a gestar su transformación. Dejó el aula tradicional para adentrarse en la convivencia escolar y la orientación, buscando entender y mejorar el entorno educativo desde otra vereda.

Pero la inquietud persistía. Como madre de un niño con necesidades especiales, una pregunta la acechaba: «¿Quién lo va a cuidar cuando sea adulto?». Esa interrogante fue el motor que la impulsó a dar el salto a la independencia el año pasado. Invirtiendo sus ahorros y su retiro del 10%, dio vida a su propio centro, Cenfamet, un espacio dedicado a la mediación educativa y la resolución colaborativa de conflictos.

Hoy, María Pilar no solo es emprendedora; es una voz autorizada que coordina el Comité de Mediación Educativa del Colegio de Mediadores de Chile y representa al gremio ante el Ministerio de Educación. A punto de terminar un magíster en gestión y liderazgo, su mirada está puesta en crear una fundación que investigue y promueva algo que, según ella, la inteligencia artificial nunca podrá reemplazar: la compasión humana. Su apuesta es enseñar a los profesores a comunicarse mejor, a ser asertivos y a gestionar las emociones, convencida de que humanizar la educación es el único camino viable para el futuro de Martín y de tantos otros niños.

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