Todo comenzó con un cumpleaños de Pokémon: El salto de Francisca Jorquera a la papelería creativa

Ante la incompatibilidad de su profesión de trabajadora social con el cuidado de su hija con autismo, Francisca descubrió en una fiesta infantil la oportunidad para reinventarse y crear un negocio que hoy cruza fronteras.

A veces, las soluciones a los problemas más complejos nacen de las anécdotas más sencillas. Para Francisca Jorquera, trabajadora social de La Serena, la encrucijada vital surgió cuando comprendió que su empleo no le permitía brindar el cuidado necesario a su hija con autismo, ni cubrir los crecientes gastos médicos que ello implicaba. Debía estar en casa, pero también necesitaba generar ingresos. La respuesta no llegó a través de un plan de negocios elaborado, sino de una petición de su hijo: quería un cumpleaños temático de Pokémon.

Al buscar en el comercio local, Francisca se topó con un vacío: no había cotillón de esos personajes en su ciudad. Decidida a no decepcionar a su hijo, tomó su impresora doméstica y fabricó todo ella misma. La fiesta fue un éxito, pero la verdadera sorpresa llegó meses después. Una de las madres invitadas la llamó, no para pedirle datos de dónde había comprado la decoración, sino para encargarle el cotillón para su propia hija. «Ahí está lo mío», pensó Francisca al ver que los pedidos comenzaban a llegar espontáneamente gracias al boca a boca.

Sin cursos formales de diseño ni experiencia previa en el manejo de máquinas de corte complejas como la Cameo, Francisca se convirtió en una autodidacta voraz. Ante cada desafío de un cliente, su respuesta siempre fue un «sí», seguido de noches de tutoriales y práctica hasta dominar la técnica. Esa actitud la ha llevado a no rechazar ningún trabajo en sus dos años de trayectoria, expandiendo su catálogo desde etiquetas escolares hasta recuerdos de bautizo.

Hoy, su emprendimiento de papelería creativa no solo le permite equilibrar su rol de madre y proveedora, sino que ha traspasado las fronteras de su condominio y su ciudad, llegando incluso a enviar pedidos al extranjero, como unas velas de recuerdo que viajaron hasta Colombia. Lo que partió como una solución doméstica para una fiesta infantil, se transformó en una profesión que le devolvió la confianza en sus propias capacidades.

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