Organizaciones sociales se reúnen para visibilizar la hipersexualización de los cuerpos negros y la criminalización de la población migrante en las plataformas digitales.
A veces la palabra se convierte en la principal herramienta de resistencia. No se trata solo de técnica, sino de desmantelar las narrativas que, segundo a segundo, deshumanizan a miles de mujeres en el entorno digital.
Mery Cortés, representante de la Fundación Romario Veloz Cortés, lidera esta instancia financiada por el Fondo Alquimia. El objetivo es claro: alfabetizar y proteger contra la violencia digital, un fenómeno que golpea con especial saña a la población migrante y afrodescendiente.
La trampa de la hipersexualización y la xenofobia
Durante el encuentro, las reflexiones apuntaron a una realidad cruda: las redes sociales no son un espacio neutral. Para las mujeres negras, el mundo digital suele ser un amplificador de la hipersexualización y el racismo estructural.
«Por el solo hecho de ser mujeres negras, se nos invisibiliza y se nos mete en temas que no nos competen», explica Cortés.
Esta violencia traspasa la pantalla y se traduce en barreras laborales tangibles. Mery denuncia cómo los títulos universitarios de mujeres afrodescendientes son ignorados frente a los de mujeres blancas, relegándolas sistemáticamente a labores domésticas o de limpieza, ignorando su formación profesional. Es la aporofobia (odio al pobre) y la xenofobia actuando en conjunto para frenar proyectos de vida.
Un tejido de resistencia migrante
El proyecto no es un esfuerzo aislado. Ya cuenta con hitos potentes, como el reciente Encuentro Nacional de Mujeres Afrodiásporas en Valparaíso, donde 50 mujeres de 12 nacionalidades, incluida una participante de Rusia, se reunieron para sistematizar sus experiencias y fortalecer sus redes de finanzas y logística.
A este tejido se suman voces como la de Camila Fernández, socióloga, quien dictó el taller de Violencia Digital. Para Fernández, abrir el diálogo es una «responsabilidad colectiva» frente al avance de los discursos de odio y los riesgos que estos generan para los pobladores y las comunidades migrantes.
La misión de estar organizaciones trasciende el taller: buscan velar por los derechos humanos de todas las mujeres vulneradas, haciendo visible lo que el algoritmo, y la sociedad, muchas veces deciden ignorar.




