Conocida por su innovador «pie de pisco sour», la dueña de Pastelería Bergelyn divide sus días entre la cocina y el cuidado de sus padres nonagenarios. Lo que comenzó como un cambio de vida en busca del sol elquino, hoy es un testimonio de amor filial y perseverancia empresarial.
Hace quince años, Bernardita Gallardo Latrille dejó atrás 22 años de vida en Aysén y el clima de La Serena buscando el sol y la calma de Paihuano. En el sector de La Rinconada, encontró el escenario perfecto para dar rienda suelta a su talento culinario, fundando la «Pastelería Bergelyn». Lo que inició tímidamente con la venta de tortas y completos para los asistentes a una discoteca vecina, pronto evolucionó hacia una cafetería reconocida por su audacia: Bernardita fue pionera en crear pies de frutas de la estación como sandía y melón tuna, hasta llegar a su producto estrella, el pie de pisco sour, elaborado en alianza exclusiva con la pisquera Los Nichos.
Sin embargo, desde 2019, la vida de Bernardita tomó un giro que puso a prueba su fortaleza. Decidida a proteger a sus padres de la soledad y los riesgos de la pandemia, se los llevó a vivir con ella. Hoy, a sus 94 y 90 años, su madre y su padre dependen totalmente de sus cuidados. La rutina es dura; el deterioro cognitivo y físico de sus «viejitos» demanda una atención de 24 horas que Bernardita, con problemas en sus propias manos y la ayuda esporádica de sus hermanos, asume con una lealtad inquebrantable. «No los puedo dejar de lado, tengo que seguir con ellos hasta el último de sus días», afirma.
Esta nueva realidad obligó a la emprendedora a trabajar a «media máquina». La cafetería ya no atiende público como antes; la vitrina se mantiene viva principalmente los fines de semana y a través de pedidos leales que incluso envía a La Serena. Pese a las dificultades y a que las ventas han bajado, Bernardita no se rinde. Ha sabido aprovechar el apoyo de Sercotec para equipar su cocina y mejorar su mobiliario, manteniendo a flote su negocio como un salvavidas económico y emocional. Entre batidoras y pañales, Bernardita demuestra que se puede emprender y cuidar al mismo tiempo, aunque el costo sea el agotamiento de una jornada que nunca termina.


