A sus 61 años, Maritza Galleguillos, maestra de cocina y pastelera, busca transformar su hogar en su nuevo centro de operaciones. Tras una vida dedicada a criar sola a seis hijos y trabajar en grandes eventos, hoy su prioridad son sus padres ancianos, motivo que la impulsa a recuperar su emprendimiento «Simon Cake» desde casa.
Maritza Galleguillos es una mujer de manos inquietas y experiencia probada. A sus 61 años, se define con orgullo como maestra de cocina y pastelera, oficios que ha desempeñado durante toda su vida organizando eventos, matrimonios y deleitando paladares. Sin embargo, el escenario de su labor ha cambiado drásticamente. Las grandes cocinas de restaurantes y la adrenalina de los banquetes han debido quedar atrás, no por falta de ganas o destreza, sino por un acto de amor ineludible: el cuidado de sus padres.
«Mis viejitos son mi prioridad ahora», confiesa Maritza con la serenidad de quien sabe que está haciendo lo correcto. Aunque proviene de una familia de cinco hermanos, es ella quien ha asumido la responsabilidad total de cuidarlos. Para Maritza, pagarle a un tercero no es una opción, no solo por lo económico, sino por convicción: se declara una «hija agradecida» que desea devolver la mano a quienes le dieron la vida. «Ellos me tienen a mí y yo a ellos», sentencia.
Pero la realidad económica no da tregua. Paga arriendo y, aunque recibe una jubilación, necesita generar ingresos adicionales para sostener su hogar. La solución está en su propia historia: años atrás, fundó con una amiga «Simon Cake» en Copiapó, un emprendimiento de pastelería y coctelería que le dio grandes satisfacciones. Hoy, instalada nuevamente en La Serena, su meta es reactivar esa marca desde su propia cocina.
Su oferta es tentadora y variada: desde tortas de hoja, milhoja y bizcocho con sabores frutales como maracuyá y mango, hasta una repostería más compleja y empanadas. Maritza sabe que tiene el talento y el conocimiento («me creo el cuento», dice), pero reconoce que le falta «un empujoncito» para formalizar su independencia laboral sin descuidar a sus padres. Habiendo criado sola a seis hijos, Maritza no duda de su fortaleza: «Si pude con seis, puedo con esto también». Su sueño es simple pero poderoso: recuperar su libertad laboral sin tener que dejar solos a quienes más ama.


