El hechizo de Los Choros: Cómo Sandra construyó un refugio entre olivos y silencio

Tras dejar atrás el ajetreo de Santiago y la pérdida de un negocio familiar, Sandra Escamilla encontró en este rincón del norte no solo un nuevo hogar, sino un proyecto turístico que florece al ritmo de la naturaleza y del cuidado de su hijo.

Fue amor a primera vista. Cuando Sandra Escamilla pisó por primera vez la tierra de Los Choros, sintió un hechizo inmediato, una conexión mágica que la convenció de que ese lugar tenía algo especial. Sin embargo, el camino para convertir ese enamoramiento en un hogar definitivo no fue directo. Originaria de Santiago, Sandra y su esposo, un empresario de la locomoción colectiva, vieron cómo la vida daba un giro inesperado cuando él perdió su licitación y, con ella, la estabilidad laboral que conocían.

Lo que comenzó como una propiedad de descanso con almendros y olivos, visitada esporádicamente para regar, se transformó hace 15 años en su residencia permanente y su tabla de salvación. Con la venta de un terreno en la capital y la decisión de reinventarse, la pareja apostó por el turismo. Así levantaron sus cabañas, un espacio que no solo ofrece alojamiento, sino una experiencia inmersiva donde los visitantes pueden pasear entre limoneros, saludar a las cabras y pavos reales, y desconectarse del ruido urbano.

Pero la verdadera fortaleza de Sandra no reside solo en su capacidad de gestión, sino en su inquebrantable labor de cuidado. Su hijo de 40 años, usuario de silla de ruedas, enfrenta una discapacidad compleja que se ha agravado en el último tiempo con una demencia incipiente. Para Sandra, lo más doloroso ha sido ver cómo ese joven conversador, que solía debatir sobre cualquier tema, se ha ido sumiendo poco a poco en el silencio debido a la medicación y al avance de su condición.

Vivir en la ruralidad implica desafíos logísticos enormes para una cuidadora —traslados médicos, compras mensuales de víveres—, pero Sandra no cambiaría su entorno. «No aguantamos estar en otro lado», confiesa, valorando la paz que Los Choros les brinda. De ser una mujer tímida, Sandra ha florecido junto a sus olivos, atreviéndose a liderar y a compartir su mensaje con otras madres: aunque la tarea sea dura y a veces nos olvidemos de nosotras mismas, «todo se puede lograr».

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